viernes, 13 de mayo de 2016

3. Los reinos cristianos: reconquista, repoblación y organización social.

Tema: Los reinos cristianos: reconquista, repoblación y organización social
 
Pauta de desarrollo:
- Reconquista: concepto y etapas
- Repoblación: concepto y modelos
- Organización social: sociedad estamental - minorías religiosas
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La invasión musulmana en el 711 provocó la rápida desintegración del reino visigodo. Tan sólo quedarán al margen de la dominación efectiva del nuevo poder musulmán las zonas montañosas del norte (Cordillera Cantábrica y Pirineos) en gran medida por el propio desinterés de los conquistadores. Allí surgen los primeros núcleos cristianos de resistencia y paulatinamente se consolidarán los distintos reinos que posteriormente iniciarán el proceso de expansión territorial hacia el sur conocido como reconquista y que irá acompañada de la repoblación o instalación de nuevos pobladores en esos territorios. El proceso se culmina en 1492 con la caída del reino nazarí de Granada, último reducto de presencia musulmana como entidad política en la península. El avance cristiano pasó por distintas etapas y fueron distintos también los modelos de repoblación que se utilizaron a lo largo del tiempo.

1. RECONQUISTA: CONCEPTO Y ETAPAS.


El término reconquista hace referencia al avance y la expansión territorial que llevarán a cabo los reinos cristianos sobre el territorio ocupado por los musulmanes (Al-Andalus) entre los siglos VIII y XV hasta completar su eliminación como entidad política al producirse en 1492 la toma del reino nazarí de Granada por parte de los Reyes Católicos.
La reconquista se justifica en un doble plano: político por una parte, ya que se presenta al Reino de Asturias como continuador legítimo del reino visigodo de Toledo, y por otra, religioso, ya que se plantea como una cruzada de los cristianos contra los infieles musulmanes.
En este proceso podemos distinguir varias etapas:

  • Siglos VIII a X: Formación de nucleos de resistencia y los distintos reinos cristianos.
  • Siglos XI a XIII: Gran expansión territorial.
  • Siglos XIV y XV: Ralentización y culminación del proceso.

1.1. SIGLOS VIII A X: NÚCLEOS DE RESISTENCIA AL ISLAM.
 

NUCLEO ASTUR: EL REINO DE ASTURIAS.
 

El núcleo astur-leonés será el más importante foco de resistencia al islam hasta el siglo X. En las estribaciones de los Picos de Europa y el valle del Sella, buscan refugio los furtivos visigodos que huyen de la conquista musulmana. Allí tendrán que convivir con los indígenas montañeses, una población que ya fue poco romanizada y que tampoco fue dominada por los propios visigodos. A pesar de ser una minoría, los visigodos tratarán de imponer su estilo de vida.
La victoria de Don Pelayo en la hipervalorada batalla de Covadonga (¿720-722?) les permitirá asegurar el territorio y considerarse herederos de la legitimidad visigoda. Pero el principal problema en estos momentos no van a ser tanto los musulmanes como el control interno del territorio. Los musulmanes son tan sólo un peligro relativo: no hay musulmanes por encima del Duero y la escasez de población de la Meseta, combinada con su sistema de campañas militares con abastecimiento sobre el terreno, hace que sus penetraciones deban hacerse desde el este, por el valle del Ebro.
Alfonso I (739-757), primer rey de Asturias, acaba con el predominio de los montañeses al trasladar población desde los valles del Duero, Miño y Ebro (reforzando así la frontera natural del vacío demográfico) e impone un sistema social similar al visigodo. La capital se estableció en Cangas de Onís.
Alfonso II (791-842) recrea el aparato jurídico institucional visigodo con el Fuero Juzgo (adaptación del Liber Iudiciorum). Se traslada la capital a Oviedo y se reorganiza la Iglesia, desvinculándola de Toledo (en poder de los musulmanes); con su apoyo, la belicosidad se justificará ideológicamente y se impulsará la idea de la reconquista. En el año 813 se produce el hallazgo de la supuesta tumba del Apostol Santiago y en el año
844, según la tradición cristiana, tuvo lugar en tierras riojanas la batalla de Clavijo, con la intervención milagrosa del apostol, aunque no está comprobada la existencia real de ese enfrentamiento o al menos tal y como aparece relatado tradicionalmente.
Con Alfonso III (866-910), en la segunda mitad del siglo IX, el reino ya se encuentra consolidado, aunque en la zona más oriental del reino, conocida como Castilla por sus numerosas fortificaciones, surgieron sentimientos autonomistas: el conde Fernán González logrará una gran independencia del poder real y hará hereditario su cargo. A partir de entonces, favorecida por la debilidad del emirato cordobés, se inicia la repoblación del Duero, que no es una auténtica expansión militar sino la ocupación de espacios vacíos. A comienzos del siglo X, con Ordoño II, se traslada la capital a León, con lo que ya podemos hablar de reino astur-leonés. 

En el siglo X el reino astur-leonés sufrirá una fuerte crisis motivada por las luchas internas y los ataques del fortalecido califato de Córdoba de Abderraman III, a pesar de conseguir la importante victoria de Simancas en el 939 (esta vez, según la tradición cristiana, con la ayuda de San Millán). Posteriormente, las campañas de Almanzor hostigan permanentemente a los cristianos y se frena su expansión.

NÚCLEOS PIRENAICOS:


El territorio está marcado por una doble presión: por una parte, la fuerte presencia musulmana en el valle del Ebro y por otra, el Imperio Carolingio que trata de consolidar un área defensiva en territorio peninsular.
Carlomagno, tras la derrota de Roncesvalles (778), se centrará en Pamplona y en la parte oriental de los Pirineos. La administración de estos territorios se encomendó a condes francos, pero desde comienzos del siglo IX serán sustituidos por nobles autóctonos. En Pamplona, la familia Arista se hace con el poder. Íñigo Arista será el primero de los reyes de Pamplona. A comienzos del siglo X con la dinastía Jimena el reino logra extenderse hasta el Ebro. Tras la destrucción de Pamplona por Abderraman III en el 924, García Sánchez I traslada su residencia a Nájera. Se denomina desde entonces rey de Nájera-Pamplona. 

 Algo similar ocurre en los Pirineos centrales, donde se configuran los Condados de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza y se van desvinculando de los francos. A mediados del X, Aragón queda unido a Navarra, que posteriormente controlará también el Sobrarbe y la Ribagorza.
 

La presencia franca en el Pirineo Oriental fue más intensa y prolongada (conquista de Gerona en el 785 y de Barcelona en el 801, estableciendo la Marca Hispánica). El conde Vifredo el Velloso colonizará la despoblada Plana de Vic y conseguirá convertir sus territorios en hereditarios, pero no será hasta finales del siglo X, con el conde Borrell II, cuando se rompan sus vínculos con la monarquía franca.
En el siglo X, coincidiendo con el esplendor del califato de Córdoba, con Abderramán III y posteriormente con Almanzor, el avance queda detenido.

1.2. LA RECONQUISTA EN LOS SIGLOS XI Y XII:
 

A partir del siglo XI comienza la reconquista propiamente dicha, ya que hasta ese momento había predominado una actitud defensiva y sólo se habían ocupado territorios vacíos. La ampliación progresiva del territorio cristiano en detrimento del musulmán se va a realizar en estos siglos en varias etapas, en estrecha relación con los avatares políticos de Al-Andalus:

  • Primera mitad del siglo XI (desintegración del califato y reinos de taifas): Hay pocos avances territoriales pero se consolida lo anteriormente conseguido.
  • Segunda mitad del XI y primera del XII (reinos de taifas e imperio Almorávide): Gran avance sobre los valles del Tajo y del Ebro.
  • Segunda mitad del XII y principios del XIII (segundos taifas e imperio Almohade): Dominio de los cursos medio y alto del Guadiana, Júcar y Turia.
Primera etapa (hasta mediados del XI):

Tras la desintegración del califato de Córdoba en 1031, la debilidad de los reinos de taifas se traduce en el pago de tributos a los reinos cristianos en forma de parias. Estas riquezas se emplearán para reforzar los ejércitos. Se produce una militarización de la sociedad y una mentalización para la expansión.
El reino más poderoso será el Reino de Navarra y alcanzará su plenitud con Sancho Garcés III el Mayor (1004-1035) que impondrá su predominio sobre el resto de territorios. Su reinado coincidió con la crisis del mundo califal iniciada a la muerte de Almanzor y que terminará con la disgregación en los reinos de taifas.
A su muerte, el reino se dividió entre sus hijos: García Sánchez III reinó sobre Navarra, Fernando I sobre Castilla transformada en reino, Ramiro I se convirte en rey de Aragón y Gonzalo recibe los condados de Sobrarbe y Ribagorza. En 1037 Fernando I de Castilla, conquista León y une los dos territorios bajo su corona.


Segunda etapa (de mediados del XI a mediados del XII):


Comienza la verdadera reconquista entendida como ocupación violenta mediante acción militar, concebida como una empresa colectiva de toda la sociedad y respaldada ideológicamente por la Iglesia. La Corona de Castilla afrontará la ocupación del valle del Tajo y la Corona de Aragón el del Ebro.
La Corona de Castilla y la ocupación del valle del Tajo: En 1085 Alfonso VI conquista Toledo, con lo que la línea de frontera se establece en el Tajo. La intervención almorávide, que en 1086 derrotan a los cristianos en la batalla de Zalaca o Sagrajas, frena la expansión e incluso consiguen recuperar territorios (en 1108 vencerán de nuevo en la batalla de Uclés). En esta época el Cid, jefe militar vasallo de Alfonso VI, pero bastante autónomo, conquista Valencia. Con Alfonso VII (1126-1157) la reconquista se reactiva de nuevo recuperando plazas perdidas y llegando hasta Calatrava en 1147.
El Reino de Aragón y la conquista del Valle del Ebro: la expansión será difícil por la fortaleza de los musulmanes. Hasta la primera mitad del XI el reino no abarca más que las zonas montañosas del Pirineo y pre-pirineo. Pedro I toma Huesca (1096) y Barbastro (1100), pero el gran avance lo realizará Alfonso I el Batallador que consigue en 1118 conquistar Zaragoza y asegurarla con su victoria en la batalla de Cutanda (1120). El matrimonio de Petronila de Aragón con el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV supondrá que su hijo Alfonso II se convierta en el primer rey de la Corona de Aragón. A mediados del XII se concluye la conquista del valle del Ebro.

Tercera etapa (de mediados del XII a principios del XIII):


Se produce una nueva debilidad musulmana por la división en taifas del imperio almorávide: Aragón llega hasta Teruel y Castilla y León lo hace hasta Sierra Morena y Cuenca.
La llegada de los almohades desde el norte de África a partir de 1145 supone una sorpresa por su fortaleza.
Los almohades derrotan a los cristianos en la batalla de Alarcos (1195) retrasando la frontera hasta Ciudad Real. Superado el impacto, los cristianos de todos los reinos unidos vuelven a recuperar la Meseta derrotándoles en la Batalla de la Navas de Tolosa (1212) en una campaña planteada como una auténtica cruzada.


1.3. EL SIGLO XIII:


Tras la batalla de las Navas de Tolosa, en este siglo XIII se va a culminar prácticamente la reconquista. Castilla y Aragón se enfrentarán a los almohades disgregados en taifas. Su debilidad favorecerá la actividad reconquistadora.

La Corona de Aragón: Jaime I el Conquistador conquista Mallorca (1229) y Valencia (1238). Ambos territorios se organizaron como reinos independientes.
La conquista de Murcia resultará problemática puesto que interesaba tanto a castellanos, para obtener una salida al Mediterráneo, como a los aragoneses, por ser la continuación natural a su avance. Tras varios tratados, Murcia pasa a Castilla con lo que Aragón quedará frenado.

La Corona de Castilla: Fernando III el Santo conquista Extremadura y obtiene las capitulaciones de Córdoba (1236), Jaén (1246) y Sevilla (1248). El reino taifa de Niebla (actual Huelva) desde 1254 presta vasallaje y paga parias a Castilla. Será conquistado por Alfonso X el Sabio en 1263, al tiempo que sofoca una sublevación generalizada de mudéjares en toda Andalucía.
A partir de ese momento la reconquista se frena. El territorio musulmán ha quedado reducido al Reino Nazarí de Granada.
 

1.4. LOS SIGLOS XIV Y XV:

Los siglos XIV y XV son época de crisis y calamidades: peste, crisis económica, convulsiones políticas, guerras civiles y conflictividad social. Por todo ello la reconquista se frena. Portugal y Aragón han finalizado su expansión territorial. Castilla se encuentra debilitada por las guerras civiles y además el reino nazarí paga importantes parias a cambio de que se respete su territorio y su supervivencia.

La victoria de tropas castellanas y potuguesas (apoyadas por la flota aragonesa) en 1340 en la batalla del Salado contra los benimerines norteafricanos aseguró el control del Estrecho, pero no será hasta finales del siglo XV cuando el avance reciba el impulso definitivo de la mano de los Reyes Católicos aprovechando los conflictos internos del reino nazarí. En 1481 se inicia la campaña militar. En 1487 se recupera Málaga, en 1489 cae Almería y finalmente, el 2 de enero de 1492, Boabdil rendía la ciudad de Granada, completándose así la Reconquista.

2. REPOBLACIÓN: CONCEPTO Y MODELOS:
 

La conquista militar del territorio no es suficiente para garantizar su dominio. Entendemos por repoblación, la instalación de nuevos pobladores cristianos para conseguir el dominio definitivo del territorio reconquistado, al encargarse de su defensa, el cultivo de las tierras y la integración de la población musulmana conquistada, denominados mudéjares. La repoblación se enmarca en el proceso de expansión demográfica de Europa Occidental entre los siglo XI y XIII. La repoblación se llevará a cabo siguiendo distintos modelos a lo largo del proceso de reconquista.
Hasta el siglo XI, el reino astur-leonés lleva a cabo la repoblación del Duero, ocupando el espacio vacío. Esta repoblación se realiza de distintas maneras: en la parte más occidental, las tierras se entregan a los nobles que acogen a campesinos dependientes, implantándose un sistema social en claro proceso de feudalización. Por contra, en la parte oriental más alejada, en Castilla, la repoblación será por el sistema de presura mediante el cual hombres libres toman las tierras, las cultivan y las defienden y con ello acceden a su propiedad. No obstante, tampoco conviene exagerar las diferencias ya que desde la segunda mitad del siglo X también en amplias zonas de Castilla se había producido el proceso de feudalización y de sometimiento a la servidumbre de las comunidades campesinas. En el Pirineo central y oriental la repoblación se hace de manera similar a la presura, conocida aquí como aprisio, aunque también la nobleza recibe castillos y tierras a cambio de la defensa de la frontera, y también aquí presionarán a los campesinos obligándoles a encomendarse a ellos y entregarles la propiedad de las tierras. Otra forma de repoblación muy importante es la repoblación monacal que se hizo en base a la constitución de monasterios (como los de Ripoll, San Pedro de Siresa, San Juan de la Peña, etc.) bajo cuya
jurisdicción y patrocinio se lleva a cabo esta repoblación. A comienzos del siglo XI, el proceso de colonización de estas tierras está ya prácticamente concluido y muy avanzada la sujección a la servidumbre del campesinado.
A partir del siglo XI , la Corona de Castilla, en su ocupación del valle del Tajo, cambia el modelo de repoblación: ya no será por presura ni se entregará a los nobles; se hará bajo la supervisión del rey y apoyándose fundamentalmente en la ciudades y sus alfoces (pequeñas aldeas que dependen de las autoridades municipales). Es la repoblación concejil. A estas ciudades se les conceden privilegios o fueros para atraer a la población. En Aragón, la repoblación del valle del Ebro presentará una particularidad derivada de la elevada cantidad de población musulmana en el mismo. Se necesita población cristiana pero se respeta a los mudéjares porque no se quiere
provocar un vaciamiento demográfico. La repoblación se hará con el sistema de repartimento
(reparto de territorios ya poblados por parte del rey entre los conquistadores) y también con la concesión de fueros para atraer pobladores francos, navarros y catalanes a las ciudades.
Desde mediados del XII, aparecen nuevas fuerzas que se suman a la reconquista. Por una parte las milicias concejiles (tropas reclutadas por los concejos urbanos) y por otra, las Órdenes Militares (hermandades de caballeros dedicados a la vida militar y religiosa, que actúan por cuenta propia o bajo las órdenes del rey). En Castilla destacan las de Calatrava, Santiago y Alcántara, en Aragón las del Temple, Hospital, Montesa y Santo Sepulcro. A estas Órdenes Militares entregarán los monarcas repartimentos o encomiendas, creando grandes latifundios dedicados a la ganadería con sus fortificaciones para la defensa del territorio.
 

La repoblación del sigo XIII se hace mediante repartimentos: el rey concede a sus colaboradores territorios más o menos amplios con jurisdicción (Donadíos extensos para la alta nobleza y Heredamientos, de menores dimensiones), reservándose otros y las ciudades para la repoblación real. Generalmente se mantiene la población musulmana aunque muchos huyen a Granada, dejando importantes territorios deshabitados. Se tratará de atraer población con cartas pueblas concedidas a las localidades, mediante las cuales se entregan tierras a los pobladores y organización concejil que regula las relaciones entre los propios ciudadanos y entre estos y la corona. Se les conceden privilegios y exenciones de impuestos. La frontera con el reino nazarí se entrega a las órdenes militares para su defensa. Órdenes como las de Calatrava, Santiago o Alcántara recibirán extensos territorios y se constituirán extensos latifundios.
 

3. ORGANIZACIÓN SOCIAL: SOCIEDAD ESTAMENTAL - MINORÍAS RELIGIOSAS.

La organización de la sociedad será similar en todos los reinos cristianos y de idénticas características a las del resto de sociedades medievales europeas, no en vano las circunstancias que las generan son prácticamente iguales desde la crisis del bajo Imperio Romano y las invasiones de los pueblos germánicos: crisis del Estado, decadencia comercial y urbana, tendencia a la ruralización y a la autarquía económica. Asistimos a un proceso de feudalización de la sociedad.


La sociedad se divide en estamentos. Un estamento es un grupo social cerrado al que se pertenece generalmente por nacimiento. Hay tres estamentos: nobleza (los que luchan), clero (los que oran) y estado llano (los que trabajan), diferenciados por la posesión o no de privilegios. La nobleza y el clero son los grupos privilegiados exentos del pago de impuestos y con un régimen jurídico propio.
En un mundo básicamente rural y autosuficiente, con muy escasos intercambios comerciales y con un poder estatal muy debilitado, las vinculaciones personales constituyen el eje vertebrador de la sociedad a un doble nivel con el vasallaje y la servidumbre.
Según el modelo feudo-vasallático, el señor (el rey o un noble) concede a su vasallo (otro noble de menor rango) un feudo (tierras, rentas o cargos públicos). A cambio, el vasallo, en la ceremonia del homenaje, jura fidelidad y se compromete a prestarle ayuda, pricipalmente militar.
Esto es lo que se conoce como vasallaje, y se trata, por lo tanto, de un pacto entre hombres libres, generalmente nobles. Con el tiempo, el feudo pasó a denominarse señorío. Podemos distinguir dos clases de señorío, el solariego o territorial, cuando el señor tenía la propiedad de la tierras, y el jurisdiccional, cuando el señor ejercía la justicia, cobraba impuestos, etc. De esta manera, por apropiación o por concesión real, los nobles, laicos o eclesiásticos, ejercen su dominio sobre unos territorios con plena autoridad, percibiendo rentas y prestaciones de la población de los mismos.
Frente a los señoríos, están las tierras de realengo, cuyos habitantes dependen directamente del rey.
En este régimen señorial, se establecen unas relaciones personales de vinculación entre los señores y la mayoría de los campesinos con la servidumbre. El feudo es trabajado por siervos de la gleba (campesinos jurídicamente libres pero vinculados a la tierra y a su señor) y colonos (hombres libres que trabajan las tierras del señor con el que le unen toda una serie de obligaciones pero que puede abandonar la tierra). También habrá campesinos libres que poseen sus propias tierras o alodios aunque algunos de ellos, para buscar la protección de un señor, las entregarán quedando como usufructuarios de las mismas a cambio del pago de una renta (es la encomienda).
 
La nobleza basa su preminencia social en la posesión de la mayor parte de las tierras y en el poder atribuido por los reyes al entregarles funciones de gobierno (poder judicial, defensa del
territorio, cobro de impuestos, etc.). La nobleza no constituye un grupo homogéneo. Dentro de ella podemos encontrar desde la alta aristocracia a la baja nobleza (hidalgos, infanzones o caballeros). A partir del siglo XIV se establece la institución del mayorazgo, que permitirá consolidar su posición económica y social.
 
Dentro del otro estamento privilegiado, el clero, también habrá grandes diferencias: el alto clero procede de la nobleza, mientras que el bajo clero procede mayoritariamente del campesinado.
 
En el estado llano también existen importantes diferencias. Los campesinos constituyen la mayoría de la población (80-90%) pero nos encontramos desde campesinos libres pequeños propietarios de tierra (sobre todo en el norte peninsular) a siervos y colonos (especialmente en el sur, donde la existencia de grandes señoríos nobiliarios o eclesiásticos, hace que la mayoría de los campesinos no sea propietario de las tierras). A partir de la expansión comercial del siglo XIII comenzará el resurgimiento de las ciudades, y en ellas la aparición de una burguesía urbana, primeramente en la Corona de Aragón y posteriormente en la de Castilla. Esta burguesía consiguió una cierta autonomía en el gobierno de la ciudades con los concejos y con su participación en las cortes.

Las minorías religiosas: mudéjares y judíos.

Los mudéjares, musulmanes que viven ya en territorio cristiano, serán muy abundantes al sur del Tajo y en los reinos de Valencia y Murcia. Se dedicarán principalmente al trabajo en el campo. En las ciudades viven en barrios específicos, las morerías.
Los judíos residirán fundamentalmente en las ciudades, en barrios propios -juderías o aljamas-, dedicándose a la artesanía y al comercio, pero también desempeñando importantes funciones de médicos y banqueros. Gozarán del apoyo de algunos monarcas por sus servicios financieros pero la hostilidad popular hacia ellos irá en aumento, especialmente en los momentos de crisis como en el siglo XIV, tanto por las predicaciones de la iglesia hacia ellos como por la envidia que suscitaba su enriquecimiento y su papel de recaudadores de impuestos.


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