viernes, 13 de mayo de 2016

2. Evolución política de Al-Andalus omeya (711-1031)

Tema: Evolución política de Al-Andalus omeya (711-1031)

Pauta de desarrollo:

- Causa de la llegada árabe a la Península Ibérica y cómo la dominaron.
- Etapas políticas:
  • Valiato de Ifriquiya.
  • Emirato de Córdoba: Abd al-Rahman I.
  • Califato de Córdoba: Abd al-Rahman III y sucesores - Al-Mansur.
  • Final de la dinastía Omeya.
- La organización del poder.
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Desde la Hégira de Mahoma en el año 622, su nueva religión monoteísta tendrá una rápida expansión. En menos de un siglo el Islam se extenderá por el este hasta el río Indo y por todo el norte de África. En el año 711 comenzó la invasión musulmana de la península y en sólo unos pocos años la habrán ocupado prácticamente por completo y sin apenas resistencia. La cultura andalusí dejará una profunda huella.

En la evolución política de Al-Andalus se distinguen varias etapas. El desarrollo de este tema sólo contempla esta evolución política hasta el fin del califato de Córdoba. Aspectos como la sociedad andalusí y el legado cultural se abordan en las preguntas cortas.

EVOLUCIÓN POLÍTICA AL-ANDALUS:
- CONQUISTA Y VALIATO DE IFRIQUIYA (711-756)
- EMIRATO INDEPENDIENTE (756-929)
- CALIFATO DE CÓRDOBA (929-1031)
- REINOS DE TAIFAS E INVASIONES DE ALMORÁVIDES Y ALMOHADES.
- REINO NAZARÍ DE GRANADA.


1. LA CONQUISTA Y VALIATO DE IFRIQUIYA (711-756)

Causa de la llegada árabe a la península y cómo la dominaron: La invasión de la península se inscribe en el proceso de fulgurante expansión del Islam. El impulso de conquista procede de la yihad o guerra santa. Los musulmanes ya habían ocupado el norte de África y en el 711, Tarik, lugarteniente del gobernador de Ifriquiya, cruza el Estrecho de Gibraltar con un ejército de unos 10.000 bereberes para intervenir en la guerra civil que dividía al reino visigodo enfrentando por la corona a los partidarios de Don Rodrigo y los witizianos, partidarios de la sucesión del rey Witiza en su hijo Aquila. Los musulmanes, requeridos por los witizianos, derrotan a Don Rodrigo en la Batalla de Guadalete lo que supone prácticamente la desintegración del ejército y del propio estado visigodo. A continuación se dirigen hacia Toledo y el norte peninsular. Muza, gobernador árabe del norte de África, desembarca con otro ejército de 20.000 hombres, árabes en su mayoría, para proseguir las campañas de conquista. En poco tiempo lograrán controlar casi toda la península. Abdelaziz, el que será primer valí, completará la conquista.

La conquista se hace, por tanto, de una manera muy rápida. Hacía el 716 los musulmanes ya han logrado el dominio de todo el territorio peninsular con la excepción de los Pirineos y la zona cantábrica (donde se producirá la mítica y magnificada batalla de Covadonga protagonizada por Don Pelayo en torno al 722). Este dominio se hace controlando ciudades y puntos estratégicos, sin ocupar físicamente todo el territorio, y en la mayoría de los casos de manera pacífica, estableciendo pactos o capitulaciones con la aristocracia visigoda que acepta la autoridad de los musulmanes (ejemplos: Teodomiro en Orihuela y los Banu Qasi en el Valle del Ebro). Aunque deben pagar tributos, se les permite seguir practicando su religión. La mayoría de la población acepta también sin apenas resistencia a los nuevos conquistadores. Los problemas surgieron, por contra, entre los propios musulmanes por el reparto de las tierras ya que las más fértiles fueron ocupadas por los árabes (que se reservan también los puestos de gobierno) mientras que los bereberes quedan relegados a las zonas más áridas y montañosas. El malestar bereber se convirtió en una revuelta y para sofocarla se envió a un ejército de 10.000 sirios que terminaron asentándose en el sudeste de Andalucía. 
Los musulmanes no se limitarán a la península y cruzarán los Pirineos pero serán derrotados por los francos, liderados por Carlos Martel, en la Batalla de Poitiers (732) y eso frenará su expansión por el sur de la Galia.

El norte de África islamizado se denominaba Ifriquiya; al frente del mismo se encontraba un gobernador que dependía política y religiosamente del califa omeya residente en Damasco. Desde el momento de la conquista y hasta el 756, Al-Andalus estuvo dirigido por un valí o emir que dependía del gobernador de Ifriquiya (se habla de valiato de Ifriquiya o también emirato dependiente de Damasco).
El territorio se dividió en coras y la capital se estableció en Córdoba. El término Al-Andalus designa los territorios de la Península Ibérica que se hallaban bajo gobierno islámico, fuera cual fuera su extensión geográfica.


2. EL EMIRATO INDEPENDIENTE (756-929)

En el año 750 la familia de los Abasíes se hace violentamente con el poder y sustituye a la dinastía de los Omeyas al frente del califato, trasladando la capital a Bagdad. Un joven miembro de la familia omeya, Abd al- Rahman, sobrevive a la matanza y huye a la lejana Al-Andalus. Consigue derrotar al emir de Córdoba y él mismo se proclama emir independiente de Bagdad en el 756.
Abderraman I continúa aceptando la autoridad religiosa del califa abasí pero ya no su autoridad política. El nuevo estado tendrá que reorganizarse para hacerse plenamente independiente (aunque para ello copió en parte la organización del califato abasí). El emir tiene el poder absoluto ya que concentra en sus manos el poder legislativo y ejecutivo, y nombra jueces fieles – los cadíes-. Se ayuda de un primer ministro o hachib y de los visires. Se reorganiza la recaudación de impuestos y para fortalecer su poder se crea un ejército mercenario y permanente.
Todo este periodo del emirato independiente (Abderraman I y sus sucesores hasta 929: Hisham I, Al-Hakem I, Abderraman II, Muhamad I, Al-Mundir y Abd-Allah) se caracterizó por los continuos enfrentamientos entre árabes y bereberes, las revueltas de muladíes -cristianos convertidos al Islam- que se sienten marginados a pesar de haberse convertido (la más famosa fue la del arrabal de Córdoba del 818) y de mozárabes -cristianos que viviendo en Al-Andalus mantienen su religión- como la de los mártires de Córdoba, entre 850 y 859, que buscando el martirio blasfemaban contra Mahoma.

El emirato independiente fue una etapa de islamización e intolerancia religiosa por el desarrollo del rito malikí fundado por Malik ibn Anas en el siglo VIII. Se basa en una interpretación fundamentalista y ultra ortodoxa del derecho religioso de la Sunna. Fue introducido por Hisham I. Muchos mozárabes abandonarán Al-Ándalus huyendo hacia el norte.  

También hubo conflictos entre el poder de central del emir cordobés y los propios gobernadores de las marcas fronterizas y la aristocracia musulmana, que se sienten poderosos y desean independizarse (ejemplo: los Banu Qasi en Zaragoza o Ibn Marwan en Mérida); aunque la más importante sublevación la llevó a cabo Omar ben Hafsum desde su fortaleza en la Serranía de Ronda.
Las tensiones con los cristianos del norte en las marcas fronterizas de Zaragoza, Mérida y Toledo aumentaron. El reino de Asturias aprovechó para expandirse. Contra ellos se dirigen las aceifas (expediciones militares de castigo para evitar su desarrollo militar y lograr un botín de guerra). Por su parte, el Imperio Carolingio trata de crear una marca defensiva en la península consiguiendo algunos éxitos pero también con sonados fracasos como el de Roncesvalles en 778. Normandos y vikingos asolan las costas y llegan incluso a Sevilla remontando el Guadalquivir.
La inestabilidad política y la creciente debilidad del poder del emir, que está limitado prácticamente a la capital cordobesa, caracterizarán los últimos años del emirato independiente.

3. CALIFATO DE CÓRDOBA (929-1031)

Con Abderraman III (891-961) Al-Andalus alcanzó su época de mayor esplendor político, militar, económico y cultural. Emir desde el 912, tras conseguir recuperar el control interno del emirato, en el año 929 se proclamó califa, con lo que a partir de entonces se desvinculaba totalmente de los abasíes de Bagdad y pasaba a ser el líder político y espiritual de todos los creyentes de Al-Andalus. Este hecho, legitimado además por su pertenencia a la familia omeya que había sido apartada de la dignidad califal por los abasíes, reforzaba su autoridad ya que todos los musulmanes quedaban obligados a obedecerle. Contrarrestaba también la peligrosa influencia que podía suponer el hecho de que ya se hubiese proclamado años antes el califato fatimí en el norte de África (909). El califa concentra en sus manos el máximo poder político, religioso y militar. Durante su largo mandato Abderraman III gobernó personalmente como un autócrata, siempre rodeado de un rígido protocolo palaciego. Reorganizó el sistema monetario. Reforzó el ejército incorporando mercenarios bereberes y eslavos. Procuró detener el avance de los cristianos (realizó 20 campañas militares) y logró incluso convertirlos en vasallos y tributarios de Córdoba. Ocupó Ceuta y Melilla y organizó un protectorado omeya en el norte de África para defender la península de los fatimíes y controlar así el Estrecho de Gibraltar asegurando el tráfico marítimo y las rutas caravaneras. 




Su hijo Al-Hakam II continuó con la labor de su padre e impulsó además notablemente la cultura. A su muerte, su hijo y sucesor, con tan solo once años, Hisham II ya no se dedicará personalmente a las labores de gobierno. El poder efectivo lo asumió su hachib Ibn Abi Amir, más conocido como Al-Mansur bi-llah ("El victorioso por Alá"), Almanzor para los cristianos.  Almanzor gobernará de manera autoritaria apoyándose en el ejército (especialmente en los bereberes). Impregnado de un gran celo religioso, emprendió numerosas campañas contra los núcleos cristianos en forma de aceifas, convirtiéndose en una auténtico azote para ellos. Llevó a cabo unas 55 razias (el número varía según las fuentes) por todo el territorio cristiano. En el verano de 997 asoló Santiago de Compostela; quemó el templo dedicado a Santiago, aunque respetó su sepulcro. Almanzor no conoció la derrota en sus más de 20 años de enfrentamientos contra los estados cristianos y su leyenda no paró de crecer. Los reinos cristianos pagan tributos y mantiene la hegemonía militar musulmana. Muere en el año 1002 tras haber saqueado otro lugar especialmente significativo para los cristianos: el monasterio de San Millán de la Cogolla. Según las fuentes cristianas, ocurrió en la batalla de Catalañazor, pero posiblemente Almanzor ya comenzase enfermo la campaña y muriese a causa de la enfermedad. 
Los objetivos de los ataques de Almanzor eran variados: además del carácter religioso de los mismos, pretende ganar prestigio en el interior del califato ya que prácticamente estaba suplantando al califa y atraerse al ejército; por otra parte trata de atemorizar y desorganizar a los cristianos al tiempo que se hace con importantes botines y prisioneros.

Tras la muerte de Almanzor le suceden sus hijos en el cargo de hachib y en el ejercicio del poder efectivo. En 1009 una rebelión derroca a Hisham II, iniciándose un período de inestabilidad política y enfrentamientos civiles. Se suceden los califas. El debilitamiento del poder central provocará la desaparición del califato en 1031 y la disgregación política de Al-Andalus en distintos reinos de taifas.

LAS TAIFAS Y LAS INVASIONES BEREBERES (ALMORÁVIDES Y ALMOHADES):

Se dan una disgregación en pequeños estados independientes, los reinos de taifas, a menudo enfrentados entre sí; además de la debilidad política y militar con pago de parias a los reinos cristianos que recuperan territorios: Alfonso VI conquista de Toledo en 1085.

En 1086 los almorávides del norte de África cruzan el Estrecho de Gibraltar, derrotan a los cristianos y ocupan distintas taifas. Su dominio se basó en la ocupación militar y en la imposición de una estricta ortodoxia religiosa. Disgregación en segundos reinos taifas.

En 1145 una nueva invasión desde el norte de África: los almohades, que lograrán controlar la parte sur de Al-Andalus. La derrota en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212) marcará su ocaso. Fragmentación en terceras taifas, que poco a poco irán cayendo en manos de los cristianos, hasta que quede únicamente el reino nazarí de Granada.

EL REINO NAZARÍ DE GRANADA (1246-1492):

La dinastía de los Banu Nasr o Nazaríes se mantiene en el poder gracias a su habilidad diplomática ante los castellanos y los benimerines norteafricanos, por la llegada masiva de andalusíes de territorios ocupados por cristianos y por su potencialidad económica, amparados por la orografía del terreno y los propios problemas internos de los reinos cristianos. Aun así, paulatinamente irá viendo como se reduce su territorio y quedará sometido a Castilla. En 1492 los Reyes Católicos pactaron con el rey Boabdil la rendición y entrega de Granada, desapareciendo así el último vestigio de dominio musulmán en la península.

4. LA ORGANIZACIÓN DEL ESTADO:

GOBIERNO Y ADMINISTRACIÓN: Al-Andalus se organiza políticamente en torno al poder autocráctico de los emires y más aún con los califas.
Desde la conquista y hasta el 756, los máximos dirigentes de Al-Andalus eran delegados del gobernador de Ifriquiya, que a su vez dependía del califa de Damasco. Tenían plenos poderes políticos, económicos y administrativos por delegación de este. Con la llegada al poder de Abderraman I se cortan los vínculos políticos con el califa de Bagdad aunque se le sigue reconociendo el liderazgo espiritual. En el 929, con la proclamación de Abderraman III como califa, se acaba también con esa dependencia religiosa gozando desde entonces de poderes prácticamente absolutos, una auténtica teocracia. Con los distintos reinos de taifas el poder se disgrega y es ejercido en cada uno de los territorios por un rey.

El califa, como príncipe de los creyentes, dirige personalmente el gobierno aunque se apoya, en mayor o menor medida, en el hachib o primer ministro (como ya hemos visto con Almanzor, en ocasiones es quien dirige de hecho el califato). El hachib controla los divanes (ministerios) al frente de los cuales se encuentran los visires. El principal órgano administrativo es la Cancillería, que tramita los documentos oficiales.

Territorialmente, Al-Andalus, estaba dividido en coras o provincias al al frente de las cuales se encuentra el valí. El número de coras varía de unas épocas a otras. En las zonas de frontera con los cristianos estaban las marcas, en las que el valí gozaba de un importante poder militar. Había tres marcas: Superior, con capital en Zaragoza, Media en Toledo e Inferior en Mérida.

HACIENDA: La Hacienda pública se encarga de recaudar los impuestos, la principal fuente de ingresos del Estado junto a los botines de guerra, las aduanas y los tributos de los reinos cristianos. Los musulmanes tienen que pagar un solo impuesto, el zakat o limosna legal; los mozárabes y judíos pagaban un impuesto personal (jizga) y un impuesto territorial (jarach). Con el tiempo y motivado por las necesidades económicas del Estado, los muladíes seguirán cotizando de la misma manera a pesar de la conversión e incluso se introducirán nuevos impuestos no recogidos por el Corán, como la alcabala que gravaba todos los productos comprados y vendidos.

SISTEMA JUDICIAL: En la sociedad islámica religión y derecho están estrechamente vinculados. La ley está contenida en los textos religiosos y el califa es el juez supremo. El sistema judicial se basa en los cadíes o jueces. Estos, además de expertos en leyes, debían ser personas de moral intachable y respetabilidad social. La mayoría son de origen árabe, aunque con el tiempo algunos bereberes alcanzaron esta dignidad.

EJÉRCITO: Fundamental para la conquista del territorio en un principio y después para el mantenimiento de las fronteras y del orden interno. Está formado por voluntarios musulmanes deseosos de participar en la yihad y por mercenarios (bereberes, eslavos, etc). La fuerza militar más importante es la caballería. La marina de guerra también desempeña un papel muy destacado.

LA ECONOMÍA: La economía de Al-Andalus tiene una base fundamentalmente urbana y comercial, apoyada en una rica agricultura, con gran circulación de monedas de oro -dinar - y plata -dirhem-. 
La agricultura es la actividad económica de la mayoría de la población. El tipo de explotación más frecuente es la gran propiedad, aunque también en los regadíos abunda la pequeña y mediana explotación. Los principales cultivos son los de la trilogía mediterránea (incluida la vid, a pesar de la prohibición coránica del consumo de alcohol). Los musulmanes mejoraron los sistemas de irrigación (con acequias, norias, etc.) con lo que se aumentó la productividad. Introdujeron nuevos cultivos como los cítricos, arroz, caña de azúcar, dátiles, granadas o la morera. La ganadería más importante fue la ovina y también la equina. 
Los productos artesanales más destacados fueron los textiles, aunque también fue muy importante el trabajo del cuero, vidrio, cerámica, pergamino y papel. Gracias al activo comercio marítimo y caravanero los productos de Al-Andalus alcanzaron una gran difusión tanto en Oriente como en Occidente.

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