viernes, 13 de mayo de 2016

Inicio. Curso 2015-2016.

Bienvenidos alumnos de 2º de Bachiller a éste nuevo curso, en éste blog encontrareís los contenidos y la información necesaria para ésta asignatura: HISTORIA DE ESPAÑA.

Pinchad en el enlace para ver los contenidos de la PAU de Historia de España. 
Si se produce algún cambio se os informará en clase. 

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Para más información  sobre la Selectividad:




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1. La Hispania romana.

Tema: La Hispania Romana. 

Pauta de desarrollo:
  • Conquista.
  • Romanización: División administrativa, Urbanización, Economía, Sociedad,  Legado cultural,  Religión.
  • El Bajo Imperio.
En el I milenio a. C., antes de la llegada de los romanos en el siglo III a. C., se han desarrollado en la península las culturas celta, ibera y celtíbera (y con anterioridad, los poco conocidos tartesos) y se ha producido la llegada de pueblos colonizadores del Mediterráneo (fenicios, griegos y cartagineses). Los pueblos prerromanos presentan importantes diferencias en sus características económicas, sociales y políticas. 
Estas diferencias explican la mayor o menor resistencia que opusieron a los invasores romanos y la evolución posterior de cada zona una vez producida la conquista. 
En el sur, el este y el valle del Ebro, donde se habían desarrollado formas de vida urbanas, la conquista y asimilación de estos pueblos resultará mucho más fácil; en el centro y especialmente en el norte peninsular, donde los distintos pueblos son más primitivos, la ocupación resultará más dificultosa y mucho menor la romanización posterior.


1.      LA CONQUISTA DE HISPANIA:

La conquista romana es un proceso dilatado en el tiempo que se extiende entre el 218 y el 19 a. C. Para dominar a los pueblos que habitaban la península los romanos combinarán la actividad militar conquistadora y la diplomacia intentando su asimilación pacífica. Sabrán aprovecharse en beneficio propio de las rivalidades de estos pueblos y sus conflictos internos. 

La conquista se puede dividir en tres grandes etapas:  

Primer periodo (218-197 a. C. ): En el contexto de la 2ª Guerra Púnica entre romanos y cartagineses por la hegemonía en el Mediterráneo (motivada por la cuestión de Sagunto, aliada de Roma, ocupada por los cartagineses), en el 218 a. C., Cneo Cornelio Escipion desembarca en Emporion para contraatacar a los cartagineses que, con Anibal al frente, marchaban sobre Roma. Los romanos no sólo derrotan a los cartagineses, sino que deciden instalarse en Hispania para explotar sus riquezas. Ocupan toda la costa mediterránea, el valle de Guadalquivir y parte del valle del Ebro, bien por la fuerza o bien estableciendo alianzas con los pueblos indígenas.  

Conquista del interior peninsular (197-31 a. C.). Los romanos encontraron una gran resistencia y tuvieron que afrontar largas y costosas guerras: guerras celtibéricas  (181- 133 a C. donde Numancia resiste heroicamente el asedio romano) y guerras lusitanas (154- 137 a. C. en la que Viriato desarrollará una intensa guerra de guerrillas). Con sus victorias,   los romanos consiguen dominar casi toda la Península; tan sólo resiste la parte occidental de la cornisa cantábrica. Entre el 123 y el 121 a. C. se produce la conquista de las Baleares. Durante el siglo I a. C. Hispania se convierte en escenario de la guerras civiles que se sacuden Roma (Guerras Sertorianas primero y entre César y Pompeyo posteriormente).  

 Sometimiento de los pueblos de la cornisa cantábrica (29-19 a. C.). Las guerras contra cántabros y astures supondrán la culminación del proceso de conquista. El emperador Octavio Augusto derrota a cántabros, astures y galaicos, completando así la ocupación. Toda la península quedará integrada en el Imperio Romano y a él pertenecerá hasta que en el siglo V se produzca su caída y se asienten en ella los pueblos germánicos. La dominación romana supondrá que su cultura, sus costumbres, sus leyes y su religión se impongan sobre los pueblos autóctonos. Hispania será un territorio más, y perfectamente integrado, en el imperio romano.

2.      LA ROMANIZACIÓN:

Se denomina romanización al proceso por el cual los distintos pueblos que habitan la Península, de manera pacífica o bien por la fuerza, aceptan las estructuras políticas, sociales, económicas y culturales romanas, con lo que van asimilando su cultura, lengua, religión, derecho, arte, economía, aparato administrativo, urbanismo y formas de vida. Se trata, por tanto, de un proceso de asimilación cultural o aculturación.
Este proceso no fue un fenómeno uniforme. Las zonas que se romanizaron de manera más rápida y más intensa fueron las conquistadas desde un primer momento: la Bética, sur de Lusitania, Levante y valle del Ebro; se trataba de zonas con un mayor nivel de desarrollo que ya habían conocido la llegada de pueblos colonizadores antes de la conquista romana. Por contra, la romanización será mucho más débil en el interior y norte montañoso.

Toda  una  serie  de  elementos  o  factores  impulsaron  el  proceso  de romanización. Fundamentalmente fueron:
  1. La presencia del ejército romano en la Península, que facilitó la expansión de las formas de vida romanas. Por otra parte, los romanos reclutaban tropas auxiliares entre los indígenas, lo que contribuía a romanizarlos y posibilitaba su conversión en ciudadanos. Los soldados recibían tierras al acabar su servicio militar.
  2. La fundación de ciudades, que actuaron como focos de irradiación de romanidad. 
  3. La progresiva concesión del derecho de ciudadanía a los indígenas hasta que Caracalla terminó concediéndola a todos los habitantes del Imperio.
  4. El sistema administrativo implantado por Roma y el uso del Derecho Romano.
  5. La construcción de calzadas, con funciones económicas y también militares,   para asegurar el rápido y eficaz desplazamiento de las legiones.
  6. El uso del latín como lengua oficial.
  7. La integración de Hispania en el sistema económico del imperio. Las relaciones comerciales favorecen también la asimilación cultural. 
  8. La religión con la extensión de la religión romana primero y el cristianismo posteriormente.
 
LA ORGANIZACIÓN ADMINISTRATIVA DE  HISPANIA:

Ya desde antes de completar la conquista, los romanos aplicaron sus criterios de organización política y administrativa dividiendo el territorio en provincias para su mejor organización y control. Hispania en un primer momento fue dividida en dos provincias: la Citerior (valle del Ebro y franja mediterránea hasta Cartago Nova) y la Ulterior (el sur y valle del Guadalquivir) con capitales respectivamente en Tarraco y Cartago Nova (después Corduba).
En   el   siglo   I,   en   tiempos   de   Augusto,   queda   dividida   en   tres  provincias: Tarraconense, Bética y Lusitania con capitales en Tarraco, Corduba y Emérita Augusta.
En tiempos de Diocleciano (finales del siglo III) se dividió en seis provincias: Gallaecia, Tarraconense, Bética, Lusitania, Cartaginense y Mauritania Tingitana (norte de África). Por último en el siglo IV se añadió una nueva provincia, la Baleárica.
 





LA RED URBANA Y DE COMUNICACIONES:

La civilización romana fue esencialmente urbana. Las ciudades romanas eran centros políticos y económicos que además organizan el entorno rural. La expansión de la vida  urbana fue un factor determinante de romanización.

Los romanos mantienen las ciudades ya existentes confiriéndoles distintos estatus jurídicos (estipendiarias, federadas o aliadas) y crearán otras nuevas (municipios y colonias) como Itálica, Emerita Augusta, Caesaraugusta, Hispalis, Tarraco, etc. Muchas de estas ciudades surgen sobre la base de los campamentos militares y presentan un plano ortogonal con dos grandes ejes perpendiculares, el cardo y el decumano. Se rodeaban de murallas. Estas ciudades cuentan con importantes construcciones al servicio de sus habitantes: templos, termas, teatros, anfiteatros, foros, etc.

Los romanos crearon una excelente red viaria basada en las calzadas. Su finalidad era organizar el territorio, asegurar su control militar y administrativo, unir las distintas ciudades y fomentar el comercio.
Las más importantes fueron: Vía Augusta o Hercúlea, por la costa mediterránea, uniendo el valle del Ebro y el del Guadalquivir, Vía de la Plata, de Astorga a Sevilla pasando por Mérida, la Vía del Norte, que unía Tarraco con la Vía de la Plata, la Vía Meseteña, que unía el norte con la vía Augusta, y la Vía Atlántica. Su distribución evidencia un predominio de la periferia sobre centro, menos poblado y urbanizado. Existían numerosas vías secundarias que unían prácticamente todo el territorio.

LA ECONOMÍA DE HISPANIA: 

La economía de Hispania registró un importante desarrollo ya que la dominación romana supuso la integración en los circuitos comerciales del Imperio.

La agricultura fue una de las principales actividades económicas. Las tierras conquistadas pasaban a ser propiedad del estado romano que procedía a su reparto entre colonos, soldados e indígenas. La principal forma de explotación agropecuaria será la villa, gran explotación latifundista dedicada a la exportación trabajada por mano de obra esclava.   
La agricultura se basa en la trilogía mediterránea: trigo, vid y olivo. Las exportaciones de vino y aceite serán muy importantes y muy apreciadas por su excelente calidad. Introdujeron nuevas técnicas y utensilios como el barbecho de tres hojas, la utilización de abonos, el arado romano o el trillo de ruedas. Desarrollaron los regadíos en el área levantina. 
La producción ganadera más destacada será la ovina. La pesca también será muy importante para la producción de salazones y la apreciada salsa garum.

La actividad minera será una de las más lucrativas por la abundancia de minerales en la península. Se centra en la plata y el plomo de Cartagena, el cobre de Andalucía y Asturias, el mercurio de Almadén, el estaño de Galicia y el oro de Galicia y León (Las Médulas).

La economía del imperio está basada en los intercambios comerciales. Las urbes son el centro comercial que articula el territorio y sirven de mercado. Para estos intercambios fue necesario la creación de una red de comunicaciones terrestres y marítimas que comunicaban las ciudades. Se construyó, como ya hemos visto, una importante red de calzadas. El desarrollo comercial se basa en una economía monetaria. El denario y sus divisiones se convierten en la unidad monetaria de todo el imperio facilitando el comercio.

LA SOCIEDAD DE LA HISPANIA ROMANA: 

El modelo social hispano-romano sigue las pautas de la rígida sociedad romana en la que se plantea la distinción entre hombres libres y esclavos por un lado y la dualidad ciudadano-no ciudadano entre los libres por otro, lo que confiere, o no, derechos políticos.
En la cúspide del orden social están los ciudadanos romanos pertenecientes al orden senatorial (Ordo senatorialis) dueños de grandes latifundios e inmensamente ricos. A ellos, como descendientes de los primeros fundadores de Roma, está reservada la participación en el Senado y el desempeño de los altos cargos de la administración civil, militar y religiosa. Miembros de estas familias romanas se asentaron en Hispania; algunas élites autóctonas recibieron como premio el acceso al orden senatorial. La mayoría de estas familias se asentaron en la Bética y de ellas saldrán incluso emperadores como Trajano y Adriano.

 Por debajo del orden senatorial están las familias del orden ecuestre (Ordo equester), los caballeros, procedentes en su mayoría de la aristocracia indígena, que tienen en sus manos los cargos políticos, del ejército y de la administración y el gobierno de sus ciudades. Sus fortunas (mínimo más de 400.000 sestercios) procede de las actividades comerciales, manufactureras y propiedades agrarias.

El orden decurional (Ordo decurionalis) constituye el tercer nivel y a él pertenecen familias menos importantes y adineradas. Sus miembros ocupan los puestos inferiores de la administración o son medianos propietarios agrícolas, mercaderes y hombres de negocios. Muchos son descendientes de soldados y colonos romanos; otros son indígenas que  consiguen prosperar.

El grupo más bajo de todos los hombres libres estaba constituido por la plebe. En él  se incluye la mayor parte de la población. Son pequeños propietarios agrícolas, artesanos y trabajadores libres con diferentes situaciones económicas. Pueden intervenir en las asambleas municipales de sus ciudades (comicios) para elegir algunos cargos públicos.

Hasta el siglo I d. C. tan sólo una minoría de colonos romanos e itálicos tenían plenos derechos políticos y de propiedad. A partir del Edicto de Latinidad promulgado por Vespasiano (74 d.C.) la mayoría de las élites urbanas pudieron convertirse en ciudadanos latinos de pleno derecho. A partir del Edicto de Caracalla del año 212 todos los habitantes de Hispania y de todo el Imperio obtienen la ciudadanía romana.

 Por debajo de todos, están los esclavos, que ni son libres ni tienen derechos. Son la base del sistema económico y se utilizan para la agricultura, el trabajo en las minas, labores artesanales, servicio doméstico, etc. Se convierten en esclavos los hijos de esclavos, los prisioneros de guerra, los sublevados contra Roma o también se llega a la esclavitud por deudas.

A medio camino entre los esclavos y los libres estaban los libertos, esclavos liberados que seguían dependiendo de su antiguo señor.

EL LEGADO DE ROMA:

Además de un importante patrimonio histórico-artístico (podríamos citar como magníficos ejemplos el acueducto de Segovia, los arcos de triunfo de Bará y Medinaceli, los teatros de Mérida y Sagunto, el puente de Alcántara, las murallas de Lugo, etc) a la cultura romana debemos aspectos como la lengua, el derecho y la religión. Nuestra cultura se asienta sobre el legado de Roma.

El latín se impuso y desplazó a las lenguas prerromanas (sólo subsistió el vascuence). Se estableció como lengua oficial y privada. Es el sustrato de las lenguas romances: castellano, gallego y catalán.

El derecho romano regulaba la convivencia en una sociedad mucho más compleja que las indígenas. Todavía hoy es base sustancial de nuestra legislación.

La religión: Se respetaron los cultos indígenas, pero era obligatorio el culto al emperador y a la Triada Capitolina (Júpiter, Juno y Minerva) que simbolizaban la autoridad de Roma. Se introdujeron en Hispania también los cultos mistéricos de origen oriental con  un carácter iniciático encaminados a buscar la salvación personal (culto a Mitra, Cibeles-Attis o Isis-Osiris).

Aunque las leyendas medievales hablan de los viajes de los apóstoles Santiago y  Pablo a la península, no hay pruebas sólidas que lo demuestren. Lo cierto es que a partir del siglo III se difundió el cristianismo en Hispania. Al negarse a adorar a los dioses romanos y a participar en el culto imperial, los cristianos fueron declarados enemigos del Estado y perseguidos. A pesar de ello, esta religión se extendió por todo el imperio, especialmente en las ciudades. Con Constantino I, que se convirtió, pasó a ser tolerado (Edicto de Milán de 313) y con Teodosio I el Grande pasó a ser la religión oficial y se prohibieron los otros  cultos.

En Hispania se desarrolló también a finales del siglo IV una herejía sostenida por Prisciliano, obispo de Ávila, que pretendía un modo de vida más austero y alejado del mundo frente al poder y las propiedades que comenzaba a acumular la iglesia. Fue el primer condenado a muerte y ejecutado por el poder secular en nombre de la Iglesia.


3.      LA CRISIS DEL BAJO  IMPERIO: 

A partir del siglo III se inició una grave crisis que marcará la decadencia del Imperio Romano. La crisis está motivada por factores económicos, políticos y militares.


Causas económicas:
Al finalizar las guerras de conquista disminuye el número de esclavos con lo que la economía se resiente al encarecerse la mano de obra. Decaen las actividades agropecuarias, mineras y artesanales, los precios suben y el estado aumenta la presión fiscal. Las ciudades comienzan a despoblarse perdiendo importancia: muchos de sus habitantes se van al campo en busca de trabajo y sustento en un claro proceso de ruralización. De forma paralela van creciendo las grandes villas de los propietarios latifundistas que se trasladan a vivir a ellas. Muchos campesinos, ante la presión de los recaudadores de impuestos, prefieren entregar sus tierras a esos grandes propietarios a cambio de su protección, convirtiéndose en colonos. El colonato fue una institución del derecho romano en la que el colono tenía un status  intermedio entre la esclavitud y la libertad: es libre pero trabaja unas tierras que no le pertenecen y a las que esta ligado sin poder abandonarlas. Se produce una creciente desigualdad social entre los más ricos propietarios de las villas, los honestiores, y los llamados humiliores (campesinos, colonos, jornaleros, etc.).
Las villas producen todo lo que necesitan. Cada vez se tiende más a la autosuficiencia. La circulación monetaria se va reduciendo. Por otra parte, las incursiones de los pueblos bárbaros que empiezan a producirse aumentan la inseguridad y entorpecen las relaciones comerciales. Se producen también revueltas sociales de campesinos como la de los bagaudas. Los señores de las villas mantienen sus propias fuerzas armadas.

El sistema económico que había sido la base del Imperio entró en crisis al tiempo que se van configurando algunos de los elementos que caracterizarán la época feudal.



Causas político-militares:
Los emperadores son cada vez menos poderosos y hay una gran inestabilidad política por los conflictos internos. El ejército se encuentra muy dividido por su implicación en la política y cada vez dispone de menos recursos por la crisis económica. Se muestra incapaz de defender las fronteras del Imperio. Los pueblos bárbaros aprovecharán la situación para penetrar en el imperio y tratar de apropiarse de sus riquezas. Los emperadores no pueden contenerlos: se verán obligados a pactar con ellos ofreciéndoles tierras y dinero. En el 395, incapaz de controlar todo el territorio, Teodosio divide el Imperio en dos: El Imperio Romano de Occidente con capital en Roma y el Imperio Romano de Oriente con capital en Constantinopla.
A comienzos del siglo V, los suevos, vándalos y alanos cruzan los Pirineos y se asientan en Hispania. Para expulsarlos Roma utilizará a sus aliados visigodos, un pueblo germano que en el siglo IV, por la presión de los hunos, se había visto obligado a penetrar en las tierras del Imperio Romano asentándose en el sur de la Galia donde crearán el reino visigodo de Tolosa. Únicamente permanecerán los suevos en el noroeste pero serán los propios visigodos los que también se irán instalando paulatinamente en la península.
En el año 476 desaparece formalmente el Imperio Romano de Occidente. En el 507 los visigodos, derrotados por los francos en la batalla de Vouillé, abandonarán completamente la Galia y se instalarán en la península: es el reino visigodo de Toledo.



  Video: 

Memoria de España: Las grandes potencias se disputan Iberia.

 

 


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2. Evolución política de Al-Andalus omeya (711-1031)

Tema: Evolución política de Al-Andalus omeya (711-1031)

Pauta de desarrollo:

- Causa de la llegada árabe a la Península Ibérica y cómo la dominaron.
- Etapas políticas:
  • Valiato de Ifriquiya.
  • Emirato de Córdoba: Abd al-Rahman I.
  • Califato de Córdoba: Abd al-Rahman III y sucesores - Al-Mansur.
  • Final de la dinastía Omeya.
- La organización del poder.
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Desde la Hégira de Mahoma en el año 622, su nueva religión monoteísta tendrá una rápida expansión. En menos de un siglo el Islam se extenderá por el este hasta el río Indo y por todo el norte de África. En el año 711 comenzó la invasión musulmana de la península y en sólo unos pocos años la habrán ocupado prácticamente por completo y sin apenas resistencia. La cultura andalusí dejará una profunda huella.

En la evolución política de Al-Andalus se distinguen varias etapas. El desarrollo de este tema sólo contempla esta evolución política hasta el fin del califato de Córdoba. Aspectos como la sociedad andalusí y el legado cultural se abordan en las preguntas cortas.

EVOLUCIÓN POLÍTICA AL-ANDALUS:
- CONQUISTA Y VALIATO DE IFRIQUIYA (711-756)
- EMIRATO INDEPENDIENTE (756-929)
- CALIFATO DE CÓRDOBA (929-1031)
- REINOS DE TAIFAS E INVASIONES DE ALMORÁVIDES Y ALMOHADES.
- REINO NAZARÍ DE GRANADA.


1. LA CONQUISTA Y VALIATO DE IFRIQUIYA (711-756)

Causa de la llegada árabe a la península y cómo la dominaron: La invasión de la península se inscribe en el proceso de fulgurante expansión del Islam. El impulso de conquista procede de la yihad o guerra santa. Los musulmanes ya habían ocupado el norte de África y en el 711, Tarik, lugarteniente del gobernador de Ifriquiya, cruza el Estrecho de Gibraltar con un ejército de unos 10.000 bereberes para intervenir en la guerra civil que dividía al reino visigodo enfrentando por la corona a los partidarios de Don Rodrigo y los witizianos, partidarios de la sucesión del rey Witiza en su hijo Aquila. Los musulmanes, requeridos por los witizianos, derrotan a Don Rodrigo en la Batalla de Guadalete lo que supone prácticamente la desintegración del ejército y del propio estado visigodo. A continuación se dirigen hacia Toledo y el norte peninsular. Muza, gobernador árabe del norte de África, desembarca con otro ejército de 20.000 hombres, árabes en su mayoría, para proseguir las campañas de conquista. En poco tiempo lograrán controlar casi toda la península. Abdelaziz, el que será primer valí, completará la conquista.

La conquista se hace, por tanto, de una manera muy rápida. Hacía el 716 los musulmanes ya han logrado el dominio de todo el territorio peninsular con la excepción de los Pirineos y la zona cantábrica (donde se producirá la mítica y magnificada batalla de Covadonga protagonizada por Don Pelayo en torno al 722). Este dominio se hace controlando ciudades y puntos estratégicos, sin ocupar físicamente todo el territorio, y en la mayoría de los casos de manera pacífica, estableciendo pactos o capitulaciones con la aristocracia visigoda que acepta la autoridad de los musulmanes (ejemplos: Teodomiro en Orihuela y los Banu Qasi en el Valle del Ebro). Aunque deben pagar tributos, se les permite seguir practicando su religión. La mayoría de la población acepta también sin apenas resistencia a los nuevos conquistadores. Los problemas surgieron, por contra, entre los propios musulmanes por el reparto de las tierras ya que las más fértiles fueron ocupadas por los árabes (que se reservan también los puestos de gobierno) mientras que los bereberes quedan relegados a las zonas más áridas y montañosas. El malestar bereber se convirtió en una revuelta y para sofocarla se envió a un ejército de 10.000 sirios que terminaron asentándose en el sudeste de Andalucía. 
Los musulmanes no se limitarán a la península y cruzarán los Pirineos pero serán derrotados por los francos, liderados por Carlos Martel, en la Batalla de Poitiers (732) y eso frenará su expansión por el sur de la Galia.

El norte de África islamizado se denominaba Ifriquiya; al frente del mismo se encontraba un gobernador que dependía política y religiosamente del califa omeya residente en Damasco. Desde el momento de la conquista y hasta el 756, Al-Andalus estuvo dirigido por un valí o emir que dependía del gobernador de Ifriquiya (se habla de valiato de Ifriquiya o también emirato dependiente de Damasco).
El territorio se dividió en coras y la capital se estableció en Córdoba. El término Al-Andalus designa los territorios de la Península Ibérica que se hallaban bajo gobierno islámico, fuera cual fuera su extensión geográfica.


2. EL EMIRATO INDEPENDIENTE (756-929)

En el año 750 la familia de los Abasíes se hace violentamente con el poder y sustituye a la dinastía de los Omeyas al frente del califato, trasladando la capital a Bagdad. Un joven miembro de la familia omeya, Abd al- Rahman, sobrevive a la matanza y huye a la lejana Al-Andalus. Consigue derrotar al emir de Córdoba y él mismo se proclama emir independiente de Bagdad en el 756.
Abderraman I continúa aceptando la autoridad religiosa del califa abasí pero ya no su autoridad política. El nuevo estado tendrá que reorganizarse para hacerse plenamente independiente (aunque para ello copió en parte la organización del califato abasí). El emir tiene el poder absoluto ya que concentra en sus manos el poder legislativo y ejecutivo, y nombra jueces fieles – los cadíes-. Se ayuda de un primer ministro o hachib y de los visires. Se reorganiza la recaudación de impuestos y para fortalecer su poder se crea un ejército mercenario y permanente.
Todo este periodo del emirato independiente (Abderraman I y sus sucesores hasta 929: Hisham I, Al-Hakem I, Abderraman II, Muhamad I, Al-Mundir y Abd-Allah) se caracterizó por los continuos enfrentamientos entre árabes y bereberes, las revueltas de muladíes -cristianos convertidos al Islam- que se sienten marginados a pesar de haberse convertido (la más famosa fue la del arrabal de Córdoba del 818) y de mozárabes -cristianos que viviendo en Al-Andalus mantienen su religión- como la de los mártires de Córdoba, entre 850 y 859, que buscando el martirio blasfemaban contra Mahoma.

El emirato independiente fue una etapa de islamización e intolerancia religiosa por el desarrollo del rito malikí fundado por Malik ibn Anas en el siglo VIII. Se basa en una interpretación fundamentalista y ultra ortodoxa del derecho religioso de la Sunna. Fue introducido por Hisham I. Muchos mozárabes abandonarán Al-Ándalus huyendo hacia el norte.  

También hubo conflictos entre el poder de central del emir cordobés y los propios gobernadores de las marcas fronterizas y la aristocracia musulmana, que se sienten poderosos y desean independizarse (ejemplo: los Banu Qasi en Zaragoza o Ibn Marwan en Mérida); aunque la más importante sublevación la llevó a cabo Omar ben Hafsum desde su fortaleza en la Serranía de Ronda.
Las tensiones con los cristianos del norte en las marcas fronterizas de Zaragoza, Mérida y Toledo aumentaron. El reino de Asturias aprovechó para expandirse. Contra ellos se dirigen las aceifas (expediciones militares de castigo para evitar su desarrollo militar y lograr un botín de guerra). Por su parte, el Imperio Carolingio trata de crear una marca defensiva en la península consiguiendo algunos éxitos pero también con sonados fracasos como el de Roncesvalles en 778. Normandos y vikingos asolan las costas y llegan incluso a Sevilla remontando el Guadalquivir.
La inestabilidad política y la creciente debilidad del poder del emir, que está limitado prácticamente a la capital cordobesa, caracterizarán los últimos años del emirato independiente.

3. CALIFATO DE CÓRDOBA (929-1031)

Con Abderraman III (891-961) Al-Andalus alcanzó su época de mayor esplendor político, militar, económico y cultural. Emir desde el 912, tras conseguir recuperar el control interno del emirato, en el año 929 se proclamó califa, con lo que a partir de entonces se desvinculaba totalmente de los abasíes de Bagdad y pasaba a ser el líder político y espiritual de todos los creyentes de Al-Andalus. Este hecho, legitimado además por su pertenencia a la familia omeya que había sido apartada de la dignidad califal por los abasíes, reforzaba su autoridad ya que todos los musulmanes quedaban obligados a obedecerle. Contrarrestaba también la peligrosa influencia que podía suponer el hecho de que ya se hubiese proclamado años antes el califato fatimí en el norte de África (909). El califa concentra en sus manos el máximo poder político, religioso y militar. Durante su largo mandato Abderraman III gobernó personalmente como un autócrata, siempre rodeado de un rígido protocolo palaciego. Reorganizó el sistema monetario. Reforzó el ejército incorporando mercenarios bereberes y eslavos. Procuró detener el avance de los cristianos (realizó 20 campañas militares) y logró incluso convertirlos en vasallos y tributarios de Córdoba. Ocupó Ceuta y Melilla y organizó un protectorado omeya en el norte de África para defender la península de los fatimíes y controlar así el Estrecho de Gibraltar asegurando el tráfico marítimo y las rutas caravaneras. 




Su hijo Al-Hakam II continuó con la labor de su padre e impulsó además notablemente la cultura. A su muerte, su hijo y sucesor, con tan solo once años, Hisham II ya no se dedicará personalmente a las labores de gobierno. El poder efectivo lo asumió su hachib Ibn Abi Amir, más conocido como Al-Mansur bi-llah ("El victorioso por Alá"), Almanzor para los cristianos.  Almanzor gobernará de manera autoritaria apoyándose en el ejército (especialmente en los bereberes). Impregnado de un gran celo religioso, emprendió numerosas campañas contra los núcleos cristianos en forma de aceifas, convirtiéndose en una auténtico azote para ellos. Llevó a cabo unas 55 razias (el número varía según las fuentes) por todo el territorio cristiano. En el verano de 997 asoló Santiago de Compostela; quemó el templo dedicado a Santiago, aunque respetó su sepulcro. Almanzor no conoció la derrota en sus más de 20 años de enfrentamientos contra los estados cristianos y su leyenda no paró de crecer. Los reinos cristianos pagan tributos y mantiene la hegemonía militar musulmana. Muere en el año 1002 tras haber saqueado otro lugar especialmente significativo para los cristianos: el monasterio de San Millán de la Cogolla. Según las fuentes cristianas, ocurrió en la batalla de Catalañazor, pero posiblemente Almanzor ya comenzase enfermo la campaña y muriese a causa de la enfermedad. 
Los objetivos de los ataques de Almanzor eran variados: además del carácter religioso de los mismos, pretende ganar prestigio en el interior del califato ya que prácticamente estaba suplantando al califa y atraerse al ejército; por otra parte trata de atemorizar y desorganizar a los cristianos al tiempo que se hace con importantes botines y prisioneros.

Tras la muerte de Almanzor le suceden sus hijos en el cargo de hachib y en el ejercicio del poder efectivo. En 1009 una rebelión derroca a Hisham II, iniciándose un período de inestabilidad política y enfrentamientos civiles. Se suceden los califas. El debilitamiento del poder central provocará la desaparición del califato en 1031 y la disgregación política de Al-Andalus en distintos reinos de taifas.

LAS TAIFAS Y LAS INVASIONES BEREBERES (ALMORÁVIDES Y ALMOHADES):

Se dan una disgregación en pequeños estados independientes, los reinos de taifas, a menudo enfrentados entre sí; además de la debilidad política y militar con pago de parias a los reinos cristianos que recuperan territorios: Alfonso VI conquista de Toledo en 1085.

En 1086 los almorávides del norte de África cruzan el Estrecho de Gibraltar, derrotan a los cristianos y ocupan distintas taifas. Su dominio se basó en la ocupación militar y en la imposición de una estricta ortodoxia religiosa. Disgregación en segundos reinos taifas.

En 1145 una nueva invasión desde el norte de África: los almohades, que lograrán controlar la parte sur de Al-Andalus. La derrota en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212) marcará su ocaso. Fragmentación en terceras taifas, que poco a poco irán cayendo en manos de los cristianos, hasta que quede únicamente el reino nazarí de Granada.

EL REINO NAZARÍ DE GRANADA (1246-1492):

La dinastía de los Banu Nasr o Nazaríes se mantiene en el poder gracias a su habilidad diplomática ante los castellanos y los benimerines norteafricanos, por la llegada masiva de andalusíes de territorios ocupados por cristianos y por su potencialidad económica, amparados por la orografía del terreno y los propios problemas internos de los reinos cristianos. Aun así, paulatinamente irá viendo como se reduce su territorio y quedará sometido a Castilla. En 1492 los Reyes Católicos pactaron con el rey Boabdil la rendición y entrega de Granada, desapareciendo así el último vestigio de dominio musulmán en la península.

4. LA ORGANIZACIÓN DEL ESTADO:

GOBIERNO Y ADMINISTRACIÓN: Al-Andalus se organiza políticamente en torno al poder autocráctico de los emires y más aún con los califas.
Desde la conquista y hasta el 756, los máximos dirigentes de Al-Andalus eran delegados del gobernador de Ifriquiya, que a su vez dependía del califa de Damasco. Tenían plenos poderes políticos, económicos y administrativos por delegación de este. Con la llegada al poder de Abderraman I se cortan los vínculos políticos con el califa de Bagdad aunque se le sigue reconociendo el liderazgo espiritual. En el 929, con la proclamación de Abderraman III como califa, se acaba también con esa dependencia religiosa gozando desde entonces de poderes prácticamente absolutos, una auténtica teocracia. Con los distintos reinos de taifas el poder se disgrega y es ejercido en cada uno de los territorios por un rey.

El califa, como príncipe de los creyentes, dirige personalmente el gobierno aunque se apoya, en mayor o menor medida, en el hachib o primer ministro (como ya hemos visto con Almanzor, en ocasiones es quien dirige de hecho el califato). El hachib controla los divanes (ministerios) al frente de los cuales se encuentran los visires. El principal órgano administrativo es la Cancillería, que tramita los documentos oficiales.

Territorialmente, Al-Andalus, estaba dividido en coras o provincias al al frente de las cuales se encuentra el valí. El número de coras varía de unas épocas a otras. En las zonas de frontera con los cristianos estaban las marcas, en las que el valí gozaba de un importante poder militar. Había tres marcas: Superior, con capital en Zaragoza, Media en Toledo e Inferior en Mérida.

HACIENDA: La Hacienda pública se encarga de recaudar los impuestos, la principal fuente de ingresos del Estado junto a los botines de guerra, las aduanas y los tributos de los reinos cristianos. Los musulmanes tienen que pagar un solo impuesto, el zakat o limosna legal; los mozárabes y judíos pagaban un impuesto personal (jizga) y un impuesto territorial (jarach). Con el tiempo y motivado por las necesidades económicas del Estado, los muladíes seguirán cotizando de la misma manera a pesar de la conversión e incluso se introducirán nuevos impuestos no recogidos por el Corán, como la alcabala que gravaba todos los productos comprados y vendidos.

SISTEMA JUDICIAL: En la sociedad islámica religión y derecho están estrechamente vinculados. La ley está contenida en los textos religiosos y el califa es el juez supremo. El sistema judicial se basa en los cadíes o jueces. Estos, además de expertos en leyes, debían ser personas de moral intachable y respetabilidad social. La mayoría son de origen árabe, aunque con el tiempo algunos bereberes alcanzaron esta dignidad.

EJÉRCITO: Fundamental para la conquista del territorio en un principio y después para el mantenimiento de las fronteras y del orden interno. Está formado por voluntarios musulmanes deseosos de participar en la yihad y por mercenarios (bereberes, eslavos, etc). La fuerza militar más importante es la caballería. La marina de guerra también desempeña un papel muy destacado.

LA ECONOMÍA: La economía de Al-Andalus tiene una base fundamentalmente urbana y comercial, apoyada en una rica agricultura, con gran circulación de monedas de oro -dinar - y plata -dirhem-. 
La agricultura es la actividad económica de la mayoría de la población. El tipo de explotación más frecuente es la gran propiedad, aunque también en los regadíos abunda la pequeña y mediana explotación. Los principales cultivos son los de la trilogía mediterránea (incluida la vid, a pesar de la prohibición coránica del consumo de alcohol). Los musulmanes mejoraron los sistemas de irrigación (con acequias, norias, etc.) con lo que se aumentó la productividad. Introdujeron nuevos cultivos como los cítricos, arroz, caña de azúcar, dátiles, granadas o la morera. La ganadería más importante fue la ovina y también la equina. 
Los productos artesanales más destacados fueron los textiles, aunque también fue muy importante el trabajo del cuero, vidrio, cerámica, pergamino y papel. Gracias al activo comercio marítimo y caravanero los productos de Al-Andalus alcanzaron una gran difusión tanto en Oriente como en Occidente.

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