viernes, 13 de mayo de 2016

1. La Hispania romana.

Tema: La Hispania Romana. 

Pauta de desarrollo:
  • Conquista.
  • Romanización: División administrativa, Urbanización, Economía, Sociedad,  Legado cultural,  Religión.
  • El Bajo Imperio.
En el I milenio a. C., antes de la llegada de los romanos en el siglo III a. C., se han desarrollado en la península las culturas celta, ibera y celtíbera (y con anterioridad, los poco conocidos tartesos) y se ha producido la llegada de pueblos colonizadores del Mediterráneo (fenicios, griegos y cartagineses). Los pueblos prerromanos presentan importantes diferencias en sus características económicas, sociales y políticas. 
Estas diferencias explican la mayor o menor resistencia que opusieron a los invasores romanos y la evolución posterior de cada zona una vez producida la conquista. 
En el sur, el este y el valle del Ebro, donde se habían desarrollado formas de vida urbanas, la conquista y asimilación de estos pueblos resultará mucho más fácil; en el centro y especialmente en el norte peninsular, donde los distintos pueblos son más primitivos, la ocupación resultará más dificultosa y mucho menor la romanización posterior.


1.      LA CONQUISTA DE HISPANIA:

La conquista romana es un proceso dilatado en el tiempo que se extiende entre el 218 y el 19 a. C. Para dominar a los pueblos que habitaban la península los romanos combinarán la actividad militar conquistadora y la diplomacia intentando su asimilación pacífica. Sabrán aprovecharse en beneficio propio de las rivalidades de estos pueblos y sus conflictos internos. 

La conquista se puede dividir en tres grandes etapas:  

Primer periodo (218-197 a. C. ): En el contexto de la 2ª Guerra Púnica entre romanos y cartagineses por la hegemonía en el Mediterráneo (motivada por la cuestión de Sagunto, aliada de Roma, ocupada por los cartagineses), en el 218 a. C., Cneo Cornelio Escipion desembarca en Emporion para contraatacar a los cartagineses que, con Anibal al frente, marchaban sobre Roma. Los romanos no sólo derrotan a los cartagineses, sino que deciden instalarse en Hispania para explotar sus riquezas. Ocupan toda la costa mediterránea, el valle de Guadalquivir y parte del valle del Ebro, bien por la fuerza o bien estableciendo alianzas con los pueblos indígenas.  

Conquista del interior peninsular (197-31 a. C.). Los romanos encontraron una gran resistencia y tuvieron que afrontar largas y costosas guerras: guerras celtibéricas  (181- 133 a C. donde Numancia resiste heroicamente el asedio romano) y guerras lusitanas (154- 137 a. C. en la que Viriato desarrollará una intensa guerra de guerrillas). Con sus victorias,   los romanos consiguen dominar casi toda la Península; tan sólo resiste la parte occidental de la cornisa cantábrica. Entre el 123 y el 121 a. C. se produce la conquista de las Baleares. Durante el siglo I a. C. Hispania se convierte en escenario de la guerras civiles que se sacuden Roma (Guerras Sertorianas primero y entre César y Pompeyo posteriormente).  

 Sometimiento de los pueblos de la cornisa cantábrica (29-19 a. C.). Las guerras contra cántabros y astures supondrán la culminación del proceso de conquista. El emperador Octavio Augusto derrota a cántabros, astures y galaicos, completando así la ocupación. Toda la península quedará integrada en el Imperio Romano y a él pertenecerá hasta que en el siglo V se produzca su caída y se asienten en ella los pueblos germánicos. La dominación romana supondrá que su cultura, sus costumbres, sus leyes y su religión se impongan sobre los pueblos autóctonos. Hispania será un territorio más, y perfectamente integrado, en el imperio romano.

2.      LA ROMANIZACIÓN:

Se denomina romanización al proceso por el cual los distintos pueblos que habitan la Península, de manera pacífica o bien por la fuerza, aceptan las estructuras políticas, sociales, económicas y culturales romanas, con lo que van asimilando su cultura, lengua, religión, derecho, arte, economía, aparato administrativo, urbanismo y formas de vida. Se trata, por tanto, de un proceso de asimilación cultural o aculturación.
Este proceso no fue un fenómeno uniforme. Las zonas que se romanizaron de manera más rápida y más intensa fueron las conquistadas desde un primer momento: la Bética, sur de Lusitania, Levante y valle del Ebro; se trataba de zonas con un mayor nivel de desarrollo que ya habían conocido la llegada de pueblos colonizadores antes de la conquista romana. Por contra, la romanización será mucho más débil en el interior y norte montañoso.

Toda  una  serie  de  elementos  o  factores  impulsaron  el  proceso  de romanización. Fundamentalmente fueron:
  1. La presencia del ejército romano en la Península, que facilitó la expansión de las formas de vida romanas. Por otra parte, los romanos reclutaban tropas auxiliares entre los indígenas, lo que contribuía a romanizarlos y posibilitaba su conversión en ciudadanos. Los soldados recibían tierras al acabar su servicio militar.
  2. La fundación de ciudades, que actuaron como focos de irradiación de romanidad. 
  3. La progresiva concesión del derecho de ciudadanía a los indígenas hasta que Caracalla terminó concediéndola a todos los habitantes del Imperio.
  4. El sistema administrativo implantado por Roma y el uso del Derecho Romano.
  5. La construcción de calzadas, con funciones económicas y también militares,   para asegurar el rápido y eficaz desplazamiento de las legiones.
  6. El uso del latín como lengua oficial.
  7. La integración de Hispania en el sistema económico del imperio. Las relaciones comerciales favorecen también la asimilación cultural. 
  8. La religión con la extensión de la religión romana primero y el cristianismo posteriormente.
 
LA ORGANIZACIÓN ADMINISTRATIVA DE  HISPANIA:

Ya desde antes de completar la conquista, los romanos aplicaron sus criterios de organización política y administrativa dividiendo el territorio en provincias para su mejor organización y control. Hispania en un primer momento fue dividida en dos provincias: la Citerior (valle del Ebro y franja mediterránea hasta Cartago Nova) y la Ulterior (el sur y valle del Guadalquivir) con capitales respectivamente en Tarraco y Cartago Nova (después Corduba).
En   el   siglo   I,   en   tiempos   de   Augusto,   queda   dividida   en   tres  provincias: Tarraconense, Bética y Lusitania con capitales en Tarraco, Corduba y Emérita Augusta.
En tiempos de Diocleciano (finales del siglo III) se dividió en seis provincias: Gallaecia, Tarraconense, Bética, Lusitania, Cartaginense y Mauritania Tingitana (norte de África). Por último en el siglo IV se añadió una nueva provincia, la Baleárica.
 





LA RED URBANA Y DE COMUNICACIONES:

La civilización romana fue esencialmente urbana. Las ciudades romanas eran centros políticos y económicos que además organizan el entorno rural. La expansión de la vida  urbana fue un factor determinante de romanización.

Los romanos mantienen las ciudades ya existentes confiriéndoles distintos estatus jurídicos (estipendiarias, federadas o aliadas) y crearán otras nuevas (municipios y colonias) como Itálica, Emerita Augusta, Caesaraugusta, Hispalis, Tarraco, etc. Muchas de estas ciudades surgen sobre la base de los campamentos militares y presentan un plano ortogonal con dos grandes ejes perpendiculares, el cardo y el decumano. Se rodeaban de murallas. Estas ciudades cuentan con importantes construcciones al servicio de sus habitantes: templos, termas, teatros, anfiteatros, foros, etc.

Los romanos crearon una excelente red viaria basada en las calzadas. Su finalidad era organizar el territorio, asegurar su control militar y administrativo, unir las distintas ciudades y fomentar el comercio.
Las más importantes fueron: Vía Augusta o Hercúlea, por la costa mediterránea, uniendo el valle del Ebro y el del Guadalquivir, Vía de la Plata, de Astorga a Sevilla pasando por Mérida, la Vía del Norte, que unía Tarraco con la Vía de la Plata, la Vía Meseteña, que unía el norte con la vía Augusta, y la Vía Atlántica. Su distribución evidencia un predominio de la periferia sobre centro, menos poblado y urbanizado. Existían numerosas vías secundarias que unían prácticamente todo el territorio.

LA ECONOMÍA DE HISPANIA: 

La economía de Hispania registró un importante desarrollo ya que la dominación romana supuso la integración en los circuitos comerciales del Imperio.

La agricultura fue una de las principales actividades económicas. Las tierras conquistadas pasaban a ser propiedad del estado romano que procedía a su reparto entre colonos, soldados e indígenas. La principal forma de explotación agropecuaria será la villa, gran explotación latifundista dedicada a la exportación trabajada por mano de obra esclava.   
La agricultura se basa en la trilogía mediterránea: trigo, vid y olivo. Las exportaciones de vino y aceite serán muy importantes y muy apreciadas por su excelente calidad. Introdujeron nuevas técnicas y utensilios como el barbecho de tres hojas, la utilización de abonos, el arado romano o el trillo de ruedas. Desarrollaron los regadíos en el área levantina. 
La producción ganadera más destacada será la ovina. La pesca también será muy importante para la producción de salazones y la apreciada salsa garum.

La actividad minera será una de las más lucrativas por la abundancia de minerales en la península. Se centra en la plata y el plomo de Cartagena, el cobre de Andalucía y Asturias, el mercurio de Almadén, el estaño de Galicia y el oro de Galicia y León (Las Médulas).

La economía del imperio está basada en los intercambios comerciales. Las urbes son el centro comercial que articula el territorio y sirven de mercado. Para estos intercambios fue necesario la creación de una red de comunicaciones terrestres y marítimas que comunicaban las ciudades. Se construyó, como ya hemos visto, una importante red de calzadas. El desarrollo comercial se basa en una economía monetaria. El denario y sus divisiones se convierten en la unidad monetaria de todo el imperio facilitando el comercio.

LA SOCIEDAD DE LA HISPANIA ROMANA: 

El modelo social hispano-romano sigue las pautas de la rígida sociedad romana en la que se plantea la distinción entre hombres libres y esclavos por un lado y la dualidad ciudadano-no ciudadano entre los libres por otro, lo que confiere, o no, derechos políticos.
En la cúspide del orden social están los ciudadanos romanos pertenecientes al orden senatorial (Ordo senatorialis) dueños de grandes latifundios e inmensamente ricos. A ellos, como descendientes de los primeros fundadores de Roma, está reservada la participación en el Senado y el desempeño de los altos cargos de la administración civil, militar y religiosa. Miembros de estas familias romanas se asentaron en Hispania; algunas élites autóctonas recibieron como premio el acceso al orden senatorial. La mayoría de estas familias se asentaron en la Bética y de ellas saldrán incluso emperadores como Trajano y Adriano.

 Por debajo del orden senatorial están las familias del orden ecuestre (Ordo equester), los caballeros, procedentes en su mayoría de la aristocracia indígena, que tienen en sus manos los cargos políticos, del ejército y de la administración y el gobierno de sus ciudades. Sus fortunas (mínimo más de 400.000 sestercios) procede de las actividades comerciales, manufactureras y propiedades agrarias.

El orden decurional (Ordo decurionalis) constituye el tercer nivel y a él pertenecen familias menos importantes y adineradas. Sus miembros ocupan los puestos inferiores de la administración o son medianos propietarios agrícolas, mercaderes y hombres de negocios. Muchos son descendientes de soldados y colonos romanos; otros son indígenas que  consiguen prosperar.

El grupo más bajo de todos los hombres libres estaba constituido por la plebe. En él  se incluye la mayor parte de la población. Son pequeños propietarios agrícolas, artesanos y trabajadores libres con diferentes situaciones económicas. Pueden intervenir en las asambleas municipales de sus ciudades (comicios) para elegir algunos cargos públicos.

Hasta el siglo I d. C. tan sólo una minoría de colonos romanos e itálicos tenían plenos derechos políticos y de propiedad. A partir del Edicto de Latinidad promulgado por Vespasiano (74 d.C.) la mayoría de las élites urbanas pudieron convertirse en ciudadanos latinos de pleno derecho. A partir del Edicto de Caracalla del año 212 todos los habitantes de Hispania y de todo el Imperio obtienen la ciudadanía romana.

 Por debajo de todos, están los esclavos, que ni son libres ni tienen derechos. Son la base del sistema económico y se utilizan para la agricultura, el trabajo en las minas, labores artesanales, servicio doméstico, etc. Se convierten en esclavos los hijos de esclavos, los prisioneros de guerra, los sublevados contra Roma o también se llega a la esclavitud por deudas.

A medio camino entre los esclavos y los libres estaban los libertos, esclavos liberados que seguían dependiendo de su antiguo señor.

EL LEGADO DE ROMA:

Además de un importante patrimonio histórico-artístico (podríamos citar como magníficos ejemplos el acueducto de Segovia, los arcos de triunfo de Bará y Medinaceli, los teatros de Mérida y Sagunto, el puente de Alcántara, las murallas de Lugo, etc) a la cultura romana debemos aspectos como la lengua, el derecho y la religión. Nuestra cultura se asienta sobre el legado de Roma.

El latín se impuso y desplazó a las lenguas prerromanas (sólo subsistió el vascuence). Se estableció como lengua oficial y privada. Es el sustrato de las lenguas romances: castellano, gallego y catalán.

El derecho romano regulaba la convivencia en una sociedad mucho más compleja que las indígenas. Todavía hoy es base sustancial de nuestra legislación.

La religión: Se respetaron los cultos indígenas, pero era obligatorio el culto al emperador y a la Triada Capitolina (Júpiter, Juno y Minerva) que simbolizaban la autoridad de Roma. Se introdujeron en Hispania también los cultos mistéricos de origen oriental con  un carácter iniciático encaminados a buscar la salvación personal (culto a Mitra, Cibeles-Attis o Isis-Osiris).

Aunque las leyendas medievales hablan de los viajes de los apóstoles Santiago y  Pablo a la península, no hay pruebas sólidas que lo demuestren. Lo cierto es que a partir del siglo III se difundió el cristianismo en Hispania. Al negarse a adorar a los dioses romanos y a participar en el culto imperial, los cristianos fueron declarados enemigos del Estado y perseguidos. A pesar de ello, esta religión se extendió por todo el imperio, especialmente en las ciudades. Con Constantino I, que se convirtió, pasó a ser tolerado (Edicto de Milán de 313) y con Teodosio I el Grande pasó a ser la religión oficial y se prohibieron los otros  cultos.

En Hispania se desarrolló también a finales del siglo IV una herejía sostenida por Prisciliano, obispo de Ávila, que pretendía un modo de vida más austero y alejado del mundo frente al poder y las propiedades que comenzaba a acumular la iglesia. Fue el primer condenado a muerte y ejecutado por el poder secular en nombre de la Iglesia.


3.      LA CRISIS DEL BAJO  IMPERIO: 

A partir del siglo III se inició una grave crisis que marcará la decadencia del Imperio Romano. La crisis está motivada por factores económicos, políticos y militares.


Causas económicas:
Al finalizar las guerras de conquista disminuye el número de esclavos con lo que la economía se resiente al encarecerse la mano de obra. Decaen las actividades agropecuarias, mineras y artesanales, los precios suben y el estado aumenta la presión fiscal. Las ciudades comienzan a despoblarse perdiendo importancia: muchos de sus habitantes se van al campo en busca de trabajo y sustento en un claro proceso de ruralización. De forma paralela van creciendo las grandes villas de los propietarios latifundistas que se trasladan a vivir a ellas. Muchos campesinos, ante la presión de los recaudadores de impuestos, prefieren entregar sus tierras a esos grandes propietarios a cambio de su protección, convirtiéndose en colonos. El colonato fue una institución del derecho romano en la que el colono tenía un status  intermedio entre la esclavitud y la libertad: es libre pero trabaja unas tierras que no le pertenecen y a las que esta ligado sin poder abandonarlas. Se produce una creciente desigualdad social entre los más ricos propietarios de las villas, los honestiores, y los llamados humiliores (campesinos, colonos, jornaleros, etc.).
Las villas producen todo lo que necesitan. Cada vez se tiende más a la autosuficiencia. La circulación monetaria se va reduciendo. Por otra parte, las incursiones de los pueblos bárbaros que empiezan a producirse aumentan la inseguridad y entorpecen las relaciones comerciales. Se producen también revueltas sociales de campesinos como la de los bagaudas. Los señores de las villas mantienen sus propias fuerzas armadas.

El sistema económico que había sido la base del Imperio entró en crisis al tiempo que se van configurando algunos de los elementos que caracterizarán la época feudal.



Causas político-militares:
Los emperadores son cada vez menos poderosos y hay una gran inestabilidad política por los conflictos internos. El ejército se encuentra muy dividido por su implicación en la política y cada vez dispone de menos recursos por la crisis económica. Se muestra incapaz de defender las fronteras del Imperio. Los pueblos bárbaros aprovecharán la situación para penetrar en el imperio y tratar de apropiarse de sus riquezas. Los emperadores no pueden contenerlos: se verán obligados a pactar con ellos ofreciéndoles tierras y dinero. En el 395, incapaz de controlar todo el territorio, Teodosio divide el Imperio en dos: El Imperio Romano de Occidente con capital en Roma y el Imperio Romano de Oriente con capital en Constantinopla.
A comienzos del siglo V, los suevos, vándalos y alanos cruzan los Pirineos y se asientan en Hispania. Para expulsarlos Roma utilizará a sus aliados visigodos, un pueblo germano que en el siglo IV, por la presión de los hunos, se había visto obligado a penetrar en las tierras del Imperio Romano asentándose en el sur de la Galia donde crearán el reino visigodo de Tolosa. Únicamente permanecerán los suevos en el noroeste pero serán los propios visigodos los que también se irán instalando paulatinamente en la península.
En el año 476 desaparece formalmente el Imperio Romano de Occidente. En el 507 los visigodos, derrotados por los francos en la batalla de Vouillé, abandonarán completamente la Galia y se instalarán en la península: es el reino visigodo de Toledo.



  Video: 

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